Busca una habilidad
Escribe lo que sea. Los vídeos llegan en orden: primero el nivel uno, y cada uno sigue donde terminó el anterior.
Lecciones cortas sobre una habilidad, en orden. En el curso de abajo, cada nivel termina con algo que construyes y envías como enlace, y el sitio lo abre para comprobar que funciona.
Los cursos se montan automáticamente. Cada página dice si alguien con conocimiento del tema lo ha leído, y el registro es para ti, no un certificado.
Escribe lo que sea. Los vídeos llegan en orden: primero el nivel uno, y cada uno sigue donde terminó el anterior.
Solo clips cortos, y las charlas largas recortadas a la parte que de verdad enseña. Un test breve al final de cada nivel comprueba si quedó.
Treinta segundos, con tus palabras. A una barra de progreso puedes engañarla. A esto no.
No. No hay ningún pago y nada está detrás de un muro.
De quienes los hicieron. Cada lección se reproduce en el reproductor de YouTube o TikTok, con enlace al original, y las visitas cuentan de su lado. No se descarga ni se rehospeda nada.
No. El progreso se guarda con una clave que vive en este navegador. La cuenta existe para que el historial te siga a otro dispositivo, y al entrar se lleva consigo lo que ya hiciste.
Va a un servicio que la convierte en texto y vuelve como texto. Solo se guarda el texto: no hay columna de audio en la base de datos ni un almacén de archivos detrás.
Significa que lo explicaste lo bastante bien como para que alguien te siga. Vale mucho más que terminar un vídeo, y aun así no es el trabajo. La tarea al final de cada sección es la parte que comprueba el trabajo.
Ver no es aprender. Explicar sí.
Todas las plataformas de cursos miden los minutos que terminaste. Ese número sube aunque no te haya llegado nada. Aquí se mide lo único que no se puede hacer de forma pasiva: devolverlo con tus palabras.